Dar vida:
30 de mayo
Por Nancy González
gonzaleznancye@yahoo.com.ar
El próximo viernes 30 de mayo se conmemora el DIA NACIONAL de la DONACION DE ORGANOS. Esta fecha fue elegida por el nacimiento de Dante, el primer hijo de una mujer trasplantada hepática en un hospital público.
Como tantos otros días, posiblemente pase desapercibido para la mayoría de la población y apenas darán una ojeada a los tres minutos que los noticieros le dedicarán al tema. Pero aún así se hará una diferencia positiva, respecto al resto del año, donde solo se le presta atención al tema, cuando la foto de una niña o un niño es mostrada, en televisión, por padres desesperados ante la inminente muerte de sus hijos, sino aparece el órgano necesario. O como sucedió en las últimas semanas, por la inclusión en lista de espera por un trasplante cardiopulmonar, de Roberto Sánchez, el popular y querido Sandro.
La realidad es muy diferente a lo que los medios suelen mostrar y al término de la escritura de este artículo son 5531 personas las que no pueden olvidar el tema, por que cada una de ellas esta esperando un órgano para seguir viviendo. Mas exactamente, 4738 pacientes esperan un trasplante (TX) renal (riñón); 68 pacientes un TX renopancreatico (riñón y páncreas); 473 un TX hepático (hígado); 7 un TX hepatorrenal (hígado y riñón); 1 TX hepatointestinal (hígado e intestino); 119 un TX cardíaco (corazón); 36 un TX Cardiopulmonar (corazón y pulmones); 4 un TX Cardiorrenal (corazón y riñón); 73 pacientes un TX pulmonar (pulmones); 8 un TX pancreático (páncreas); 4 un TX intestinal (intestinos). Es necesario aclarar que cuando hablamos de más de un órgano, éstos deben trasplantarse juntos y al mismo tiempo. (Fuente: INCUCAI)
Luego de asumir la enfermedad y la gravedad de la misma, el paso siguiente difícil y desgastante es LA ESPERA. Siempre recuerdo una campaña realizada por un ente No gubernamental hace ya mas de diez años; en la Ciudad de Buenos Aires habían empapelado las paradas de colectivo, con afiches donde se leía: "¿Lo pone nervioso esperar el colectivo? Imagínese lo que es esperar un hígado".
Donar un órgano es un acto solidario y altruista. Es la mayor demostración de amor hacia el prójimo expresada en el peor momento de nuestras vidas. Más allá de los mitos y las fantasías que nos rodean y la confusión que en algunos casos ocasionó la modificación que puso en vigencia el consentimiento presunto, aún sigue vigente la aprobación final de la familia directa del fallecido y potencial donante. Por esto les recuerdo que tomen la decisión en vida y se la comuniquen a sus familiares directos, así ellos se comprometen a cumplir su voluntad cuando llegue el momento.
Mucho ha avanzado la medicina pero los trasplantes no son posibles sin la colaboración de la sociedad. En los últimos años, diferentes cambios de organización en la procuración de órganos realizadas por el Ministerio de Salud cuando estaba a cargo de éste el Dr. Ginés González García, ha permitido reducir el tiempo de espera pero aún así, un paciente muere cada día esperando sin recibir el órgano. Y más de un paciente ingresa en lista de espera a diario.
Los invito a ingresar al sitio de INCUCAI (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) www.incucai.gov.ar y leer particularmente la Carta Compromiso con el ciudadano. Este documento explica muy extensa y metódicamente todo lo concerniente a la donación de órganos y trasplantes en un lenguaje sencillo para que todos puedan despejar cualquier duda que tengan al respecto.
Los cambios culturales necesitan tiempo, pero me gusta pensar que la rueda ya empezó a rodar. Recuerden que cada vez que un paciente recibe un trasplante no es un milagro, sino una oportunidad. Oportunidad de vivir un tiempo más para realizar sueños, disfrutando de la familia y los amigos, y tantas otras cosas, con una mejor calidad de vida. Sin importar el tiempo, por que después de todo que es el tiempo sino puedes hacer nada con él mas que sobrevivir…
Confíen en mí… sé de que les hablo. A propósito, nunca podré agradecer suficientemente a esa familia de Neuquén que hace cuatro años me regaló una nueva oportunidad. Es que todavía no se ha inventado una palabra que sea suficiente. ¿Qué es un "gracias" por dos pulmones?
lunes, 26 de mayo de 2008
domingo, 25 de mayo de 2008
NO HABRÁ NINGUNO IGUAL
Nació en los suburbios de la mano del rock y la balada hasta convertirse en una voz para América. Su estilo no tiene herederos y su vocación por la poesía y la sensualidad, lo convirtieron en un extraño caballero de la industria. Pasa por su momento más difícil, pero aun así, Sandro o Roberto Sánchez, no se rinde y sus fans esperan el milagro de su regreso.
La frase se ha transmitido de un fan a otro a través de generaciones. Todos se la adjudican a Sandro. Es nuestro caso, la escuchamos de labios de un colega que hoy vive y trabaja en Miami, quién, a su vez, la heredó de otro que vive y trabaja en Buenos Aires. Cuentan que Sandro respondió en el coqueto hall de un hotel cinco estrellas, hace ya unos años, ante un requerimiento del excelente redactor Camilo Sánchez: "El secreto, Camilo -y es por todos sabido que Sandro tiene por norma aprenderse de memoria los nombres de sus interlocutores antes de cualquier conferencia o entrevista- es llevar el smoking como si fuera un jeans y el jeans como si fuera un smoking". Palabra santa.
No habrá ninguno igual, no habrá ninguno. Este es un hecho indiscutible que aparece revestido de una épica tanguera. Sandro fue el creador de un estilo que morirá una vez que su voz se apague. Las raíces que alimentaron al personaje que pasaría de llamarse Roberto Sánchez a simplemente Sandro, fueron tan múltiples y gruesas que ya nunca abandonaron al cantante en su derrotero por el mundo. Tratar de encasillar a Sandro tanto en el universo rock como en el de la balada, podría remitir a un error de cálculo.
A Roberto Sánchez, le gustaban las baladas tanto como el rock puro y visceral de los cultores norteamericanos. Algo que probablemente le sucedió a cualquier pibe de barrio de su época. Recordemos que Sánchez era un digno representante de la clase trabajadora argentina que a fines de los 50 se buscaba la vida sin protocolos. Algunos de sus amigos de juventud lo sitúan montado a un carrito con el cual hacía repartos en la zona sur. Su geografía de siempre.
Entre esquina y esquina estaba la vocación en estado bruto del artista. Y su vocación era sobretodo desarrollar un estilo. Ni siquiera poseía un instrumento puesto que guitarras, batería y bajo electrónico llegaron años después a su vida. Gustaba de los amigos y los amigos gustaban de su presencia
en las reuniones de fin semana, de sus anécdotas y finalmente de sus sueños. El más grande de todos vivir de la música. Poco importaba que ninguno de los miembros de la barra, que posteriormente pasaría a llamarse Los de Fuego, supieran tocar nada en especial. Como Los Pistols en los 70, Los de Fuego, primero se avalanzaron sobre los instrumentos y luego empezaron a dominarlos.
Por entonces Sandro quería convertirse en un eximio guitarrista y pasaba largas horas aprendiendo a serlo. Como suele pasar en estas historias, un imprevisto lo puso al frente del micrófono y así el cantante se fue transformando en el protagonista de la fiesta.
Sus primeros vínculos con la música no estuvieron exclusivamente impulsados por el deseo colectivo de imitar a los grandes del rock and roll norteamericano. Es cierto que Sandro buscaba convertirse en un reflejo latino de Elvis Presley, pero hay más. Estos pibes de clase humildes y entusiastas también se ilusionaban escuchando a Rosamel Araya y Antonio Prieto. Una dicotomía que la mayoría de los chicos de hoy no serían capaces de soportar ni de resolver musicalmente.
A la generación de Sandro esta de convergencia estilos le divertía sobremanera. La base de la concepción de musical del astro era una fusión creativa que aunaba culturas y pasiones. La rebeldía rock, por un lado, y la lozanía latina, por el otro, que entonces se refugiaba en canciones de amor desesperadas muy propias de una idiosincrasia que veía en el culebrón un estilo de vida.
El resultado fue, en el caso de Roberto Sánchez, una sumatoria que lo mantuvo en sus inicios vibrando con el rock, y que luego lo encontró comprometido con la balada. Sandro pudo erigirse en un exponente más de la canción romántica, tal el caso de Enrique Iglesias, Armando Manzanero o José Luis Perales. Pero no, él prefirió resignificar el relato amoroso alimentando su sonido con una energía más típica del rock y que años después, por ejemplo, observaríamos en el pop melódico y algo sucio de gente como Maná y Juanes.
Sandro había nacido con no pocas virtudes que le ayudaron a captar el fervor del público femenino. Sus actuaciones cargadas de erotismo provocaron raptos de histeria calcados a los que se veían en las performances de Elvis Presley y más tarde en las de los Rolling Stones y The Beatles. Las chicas locales también lloraban desconsoladas ante la presencia omnipresente del movimiento pélvico de su ídolo.
Sin embargo, Sandro no era una burda imitación de Elvis. Su carisma, su secreta determinación de volverse un artista con luz propia lo terminaron de ubicar lejos del pelotón de cantantes latinos que calcaban gestos ajenos.
Su ascenso recuerda a lo acontecido con algunas de las estrellas del tango. Sandro, como ellos, también tuvo su época de oro, y como ellos, supo construir con el gusto generacional su herramienta de expresión preferida.
Cuando las masas clamaban por un rock accesible, traducido, que hiciera palpable la locura adolescente de los músicos americanos e ingleses, Sandro se convirtió al género como lo haría un acólito en un templo. Sin embargo, no pasó demasiado hasta que los estudios, como él mismo, se percataron de que su figura estaba ampliándose hasta un grado inesperado. Sandro trascendió las barreras estilísticas y dejó de gustar exclusivamente porque semejaba un Elvis made in Argentina. Había llegado el momento propicio para ocupar el espacio que Araya, Manzanero, Prieto y tantos otros jóvenes románticos, se estaban repartiendo. Sandro funcionaba con maestría tanto en el terreno electrónico como en el acústico. Aunque finalmente elegiría probar con la balada un giro mortal del cual saldría bien parado. Hoy podríamos llamarla de muchas formas: balada intensa, poesía popular y exquisita vuelta canción de barrio, ópera de estética mundana, y más.
De camino al estrellato, Roberto Sánchez se disfrazó definitivamente de Sandro. Su consagración dependía de esto. Y a su modo, este cambió fue también una manera de evidenciar su maduración como hombre y artista. Sandro no pretendía pasar a la eternidad como el "muchacho", que colgaba de una ventana y nos hacía reir y gozar a todos. Su idea era ir progresivamente dejando aquel entrañable personaje para dar lugar a otro más sosegado: el paradigma del caballero arriba y abajo del escenario.
Las flores en el camerino de las artistas que él admira son un clásico de la farándula. También su gusto por un glamour exacerbado en ocasiones especiales como el festejo de un cumpleaños o la presentación de un disco, siempre atado a una la fórmula de oro: limusina, hotel cinco estrellas, champagne para los invitados y traje oscuro.
El anonimato de sus comienzos fue extinto por el voluptuoso apetito de una generación que exigía ídolos mediáticos. Como si cada continente debiera tener el suyo. Sandro fue permeable a eso por mucho tiempo, pero claro, él impuso las reglas del juego. Y esto explica la curva que describió su carrera.
Sandro no quería convertirse en un cadaver exquisito. Su imagen sólo apuntaba rebeldía en materia de movimientos y vestimenta, en lo demás, no había dejado la simpleza del barrio. En esos años agitados, alguna vez declaró a la prensa: "Vivo la canción, la siento...No hay nada prefabricado y me dejo llevar por el ritmo, por el ambiente, por el público, que -por cómo aplaude- debe gustarle mi forma de actuar...Otra cosa sobre la que ponen reparos, es mi modo de vestir. La verdad es que no me creo tan excéntrico. Me gusta ponerme botas de cuero...Llevar patillas algo largas...Pero no creo que esto pueda considerarse muy estrafalario si se tienen en cuenta atuendos y apariencia de tantos jóvenes que, sin ser artistas, usan vestimentas mucho más insólitas".
Años después, con mucha agua corrida bajo el puente, Sandro adoptaría el smoking como prenda predilecta. Sobre el escenario le sumaría la bata de seda roja, la rosa roja y la copa de champagne. Los que alguna vez vieron en Sandro la encarnación del pibe eléctrico, enchufado 24 horas por día a una toma de corriente, luego debieron aceptarlo como un señor de la noche, de gestos calmos y depurados. Este fue el método de supervivencia de uno de de los más grandes ídolos de la canción latinoamericana. Su recursos para, como diría Joaquín Sabina, pasar de todo y no pasar de moda.
Sandro jamás fue protagonista de un verdadero ocaso artístico como sí ocurrió con otros intérpretes y conjuntos que ahora capean el temporal del olvido interpretando viejos éxitos. Su poder de convocatoria, en rigor, fue mermando en la medida en que lo hizo su salud. Aunque también existieron motivos más íntimos para que su carrera no adhiriera a las reglas de la mercadotecnia moderna.
En alguna ocasión Sandro rechazó trabajar según los parámetros de las grandes discográficas que le imponían giras interminables y un nivel de exposición que El Gitano no estaba dispuesto a aceptar. Sandro no quería alejarse del vecindario. Quiera, por sobretodo, mantener sus costumbres nacionales, aun si esto implicaba resignar su influencia hacia las nuevas generaciones. Sandro, por el contrario, conservó intactas a sus nenas.
En 1984 volvió al ruedo y a los escenarios con un disco que en cierto modo explicaba un instante crucial en su carrera "Vengo a ocupar mi lugar". Entonces dijo: "Es un poco como decía Alberto Cortez, "cuando un amigo se va, queda un espacio vacío..." A ese sitio no lo llena nadie. En este mundo hay un lugar para cada uno y lo puede perder únicamente si un mismo quiere, produciendo malos trabajaos, haciendo mal las cosas, pero cuando se trabaja con dignidad y honestidad, el público sabe reconocer y el lugar está siempre a disposición. Por eso ese título de Vengo a ocupar mi lugar fue un poco una humorada".
Si bien Sandro continúa regresando una y otra vez para festejar hechos trascendentales, su carrera ya se había perfilado desde hacía décadas por un una senda sin retorno. En el nuevo escenario musical, desde fines de los 80 hasta la actualidad, Sandro ha debido compartir carteleras con los nuevos monstruos de la canción romántica como Luis Miguel, Ricky Martin, Chayanne, Alejandro Sanz, Ismael Serrano y hasta con el hijo de un conocido suyo, Enrique Iglesias. Sin contar a los sobrevivientes e incansables vendedores como Django, Julio Iglesias, Franco Simone y otros.
No es que no hubiera espacio para alguien de la categoría de Sandro, es que sobretodo su expresividad necesitaba emparentarse a un mundo que jugaba con otras reglas. Es Roberto Sánchez el que se queja de una sociedad que utiliza 200 palabras, que ignora la poesía, que carece de modales y que descree del esfuerzo de las orquestaciones.
Frente a la tempestad del rock & pop, El Gitano mantuvo intacto los principios de su estética. No obstante, algunos de sus pares rockeros no dejaron de homenajearlo como al pionero del rock en la Argentina que fue.
CLAUDIO ANDRADE
candrade@rionegro.com.ar
La frase se ha transmitido de un fan a otro a través de generaciones. Todos se la adjudican a Sandro. Es nuestro caso, la escuchamos de labios de un colega que hoy vive y trabaja en Miami, quién, a su vez, la heredó de otro que vive y trabaja en Buenos Aires. Cuentan que Sandro respondió en el coqueto hall de un hotel cinco estrellas, hace ya unos años, ante un requerimiento del excelente redactor Camilo Sánchez: "El secreto, Camilo -y es por todos sabido que Sandro tiene por norma aprenderse de memoria los nombres de sus interlocutores antes de cualquier conferencia o entrevista- es llevar el smoking como si fuera un jeans y el jeans como si fuera un smoking". Palabra santa.
No habrá ninguno igual, no habrá ninguno. Este es un hecho indiscutible que aparece revestido de una épica tanguera. Sandro fue el creador de un estilo que morirá una vez que su voz se apague. Las raíces que alimentaron al personaje que pasaría de llamarse Roberto Sánchez a simplemente Sandro, fueron tan múltiples y gruesas que ya nunca abandonaron al cantante en su derrotero por el mundo. Tratar de encasillar a Sandro tanto en el universo rock como en el de la balada, podría remitir a un error de cálculo.
A Roberto Sánchez, le gustaban las baladas tanto como el rock puro y visceral de los cultores norteamericanos. Algo que probablemente le sucedió a cualquier pibe de barrio de su época. Recordemos que Sánchez era un digno representante de la clase trabajadora argentina que a fines de los 50 se buscaba la vida sin protocolos. Algunos de sus amigos de juventud lo sitúan montado a un carrito con el cual hacía repartos en la zona sur. Su geografía de siempre.
Entre esquina y esquina estaba la vocación en estado bruto del artista. Y su vocación era sobretodo desarrollar un estilo. Ni siquiera poseía un instrumento puesto que guitarras, batería y bajo electrónico llegaron años después a su vida. Gustaba de los amigos y los amigos gustaban de su presencia
en las reuniones de fin semana, de sus anécdotas y finalmente de sus sueños. El más grande de todos vivir de la música. Poco importaba que ninguno de los miembros de la barra, que posteriormente pasaría a llamarse Los de Fuego, supieran tocar nada en especial. Como Los Pistols en los 70, Los de Fuego, primero se avalanzaron sobre los instrumentos y luego empezaron a dominarlos.
Por entonces Sandro quería convertirse en un eximio guitarrista y pasaba largas horas aprendiendo a serlo. Como suele pasar en estas historias, un imprevisto lo puso al frente del micrófono y así el cantante se fue transformando en el protagonista de la fiesta.
Sus primeros vínculos con la música no estuvieron exclusivamente impulsados por el deseo colectivo de imitar a los grandes del rock and roll norteamericano. Es cierto que Sandro buscaba convertirse en un reflejo latino de Elvis Presley, pero hay más. Estos pibes de clase humildes y entusiastas también se ilusionaban escuchando a Rosamel Araya y Antonio Prieto. Una dicotomía que la mayoría de los chicos de hoy no serían capaces de soportar ni de resolver musicalmente.
A la generación de Sandro esta de convergencia estilos le divertía sobremanera. La base de la concepción de musical del astro era una fusión creativa que aunaba culturas y pasiones. La rebeldía rock, por un lado, y la lozanía latina, por el otro, que entonces se refugiaba en canciones de amor desesperadas muy propias de una idiosincrasia que veía en el culebrón un estilo de vida.
El resultado fue, en el caso de Roberto Sánchez, una sumatoria que lo mantuvo en sus inicios vibrando con el rock, y que luego lo encontró comprometido con la balada. Sandro pudo erigirse en un exponente más de la canción romántica, tal el caso de Enrique Iglesias, Armando Manzanero o José Luis Perales. Pero no, él prefirió resignificar el relato amoroso alimentando su sonido con una energía más típica del rock y que años después, por ejemplo, observaríamos en el pop melódico y algo sucio de gente como Maná y Juanes.
Sandro había nacido con no pocas virtudes que le ayudaron a captar el fervor del público femenino. Sus actuaciones cargadas de erotismo provocaron raptos de histeria calcados a los que se veían en las performances de Elvis Presley y más tarde en las de los Rolling Stones y The Beatles. Las chicas locales también lloraban desconsoladas ante la presencia omnipresente del movimiento pélvico de su ídolo.
Sin embargo, Sandro no era una burda imitación de Elvis. Su carisma, su secreta determinación de volverse un artista con luz propia lo terminaron de ubicar lejos del pelotón de cantantes latinos que calcaban gestos ajenos.
Su ascenso recuerda a lo acontecido con algunas de las estrellas del tango. Sandro, como ellos, también tuvo su época de oro, y como ellos, supo construir con el gusto generacional su herramienta de expresión preferida.
Cuando las masas clamaban por un rock accesible, traducido, que hiciera palpable la locura adolescente de los músicos americanos e ingleses, Sandro se convirtió al género como lo haría un acólito en un templo. Sin embargo, no pasó demasiado hasta que los estudios, como él mismo, se percataron de que su figura estaba ampliándose hasta un grado inesperado. Sandro trascendió las barreras estilísticas y dejó de gustar exclusivamente porque semejaba un Elvis made in Argentina. Había llegado el momento propicio para ocupar el espacio que Araya, Manzanero, Prieto y tantos otros jóvenes románticos, se estaban repartiendo. Sandro funcionaba con maestría tanto en el terreno electrónico como en el acústico. Aunque finalmente elegiría probar con la balada un giro mortal del cual saldría bien parado. Hoy podríamos llamarla de muchas formas: balada intensa, poesía popular y exquisita vuelta canción de barrio, ópera de estética mundana, y más.
De camino al estrellato, Roberto Sánchez se disfrazó definitivamente de Sandro. Su consagración dependía de esto. Y a su modo, este cambió fue también una manera de evidenciar su maduración como hombre y artista. Sandro no pretendía pasar a la eternidad como el "muchacho", que colgaba de una ventana y nos hacía reir y gozar a todos. Su idea era ir progresivamente dejando aquel entrañable personaje para dar lugar a otro más sosegado: el paradigma del caballero arriba y abajo del escenario.
Las flores en el camerino de las artistas que él admira son un clásico de la farándula. También su gusto por un glamour exacerbado en ocasiones especiales como el festejo de un cumpleaños o la presentación de un disco, siempre atado a una la fórmula de oro: limusina, hotel cinco estrellas, champagne para los invitados y traje oscuro.
El anonimato de sus comienzos fue extinto por el voluptuoso apetito de una generación que exigía ídolos mediáticos. Como si cada continente debiera tener el suyo. Sandro fue permeable a eso por mucho tiempo, pero claro, él impuso las reglas del juego. Y esto explica la curva que describió su carrera.
Sandro no quería convertirse en un cadaver exquisito. Su imagen sólo apuntaba rebeldía en materia de movimientos y vestimenta, en lo demás, no había dejado la simpleza del barrio. En esos años agitados, alguna vez declaró a la prensa: "Vivo la canción, la siento...No hay nada prefabricado y me dejo llevar por el ritmo, por el ambiente, por el público, que -por cómo aplaude- debe gustarle mi forma de actuar...Otra cosa sobre la que ponen reparos, es mi modo de vestir. La verdad es que no me creo tan excéntrico. Me gusta ponerme botas de cuero...Llevar patillas algo largas...Pero no creo que esto pueda considerarse muy estrafalario si se tienen en cuenta atuendos y apariencia de tantos jóvenes que, sin ser artistas, usan vestimentas mucho más insólitas".
Años después, con mucha agua corrida bajo el puente, Sandro adoptaría el smoking como prenda predilecta. Sobre el escenario le sumaría la bata de seda roja, la rosa roja y la copa de champagne. Los que alguna vez vieron en Sandro la encarnación del pibe eléctrico, enchufado 24 horas por día a una toma de corriente, luego debieron aceptarlo como un señor de la noche, de gestos calmos y depurados. Este fue el método de supervivencia de uno de de los más grandes ídolos de la canción latinoamericana. Su recursos para, como diría Joaquín Sabina, pasar de todo y no pasar de moda.
Sandro jamás fue protagonista de un verdadero ocaso artístico como sí ocurrió con otros intérpretes y conjuntos que ahora capean el temporal del olvido interpretando viejos éxitos. Su poder de convocatoria, en rigor, fue mermando en la medida en que lo hizo su salud. Aunque también existieron motivos más íntimos para que su carrera no adhiriera a las reglas de la mercadotecnia moderna.
En alguna ocasión Sandro rechazó trabajar según los parámetros de las grandes discográficas que le imponían giras interminables y un nivel de exposición que El Gitano no estaba dispuesto a aceptar. Sandro no quería alejarse del vecindario. Quiera, por sobretodo, mantener sus costumbres nacionales, aun si esto implicaba resignar su influencia hacia las nuevas generaciones. Sandro, por el contrario, conservó intactas a sus nenas.
En 1984 volvió al ruedo y a los escenarios con un disco que en cierto modo explicaba un instante crucial en su carrera "Vengo a ocupar mi lugar". Entonces dijo: "Es un poco como decía Alberto Cortez, "cuando un amigo se va, queda un espacio vacío..." A ese sitio no lo llena nadie. En este mundo hay un lugar para cada uno y lo puede perder únicamente si un mismo quiere, produciendo malos trabajaos, haciendo mal las cosas, pero cuando se trabaja con dignidad y honestidad, el público sabe reconocer y el lugar está siempre a disposición. Por eso ese título de Vengo a ocupar mi lugar fue un poco una humorada".
Si bien Sandro continúa regresando una y otra vez para festejar hechos trascendentales, su carrera ya se había perfilado desde hacía décadas por un una senda sin retorno. En el nuevo escenario musical, desde fines de los 80 hasta la actualidad, Sandro ha debido compartir carteleras con los nuevos monstruos de la canción romántica como Luis Miguel, Ricky Martin, Chayanne, Alejandro Sanz, Ismael Serrano y hasta con el hijo de un conocido suyo, Enrique Iglesias. Sin contar a los sobrevivientes e incansables vendedores como Django, Julio Iglesias, Franco Simone y otros.
No es que no hubiera espacio para alguien de la categoría de Sandro, es que sobretodo su expresividad necesitaba emparentarse a un mundo que jugaba con otras reglas. Es Roberto Sánchez el que se queja de una sociedad que utiliza 200 palabras, que ignora la poesía, que carece de modales y que descree del esfuerzo de las orquestaciones.
Frente a la tempestad del rock & pop, El Gitano mantuvo intacto los principios de su estética. No obstante, algunos de sus pares rockeros no dejaron de homenajearlo como al pionero del rock en la Argentina que fue.
CLAUDIO ANDRADE
candrade@rionegro.com.ar
miércoles, 21 de mayo de 2008
Una nota de color para nuestro querido SANDRO
Las más leídas
JUE 22 de mayo de 2008.3:02 | Buenos Aires: 15º C Azar | Registrarse espectáculosDime de que alardeas...
Y por casa... ¿Cómo andamos?: el exponente argentino
Sólo un cantante local parece haber sido rozado por la maldición. Los demás, ¿están inmunizados?
Ver Comentarios (1)
Por Mariano D'Andrea | 19.05.2008 | 13:45 Encontrar un cantante argentino que reúna las características de ser romántico en su vida profesional y atormentado en su vida pública no es una cuestión sencilla... En principio, Argentina parece no ser un gran semillero de afinados cantantes melódicos con proyección internacional. A eso se suma que aquellos que sí se atreven a cantarle al amor mantienen su vida privada muy lejos de las cámaras y los flashes.
Axel, por ejemplo, se atreve a cantar " te amo con orgullo de quererte porque para amarte yo he nacido " sin temor a resultar extremadamente cursi. No se atreve, sin embargo, a dar demasiados detalles sobre su vida privada. Es de esos cantantes que dicen estar eternamente solos -¿y disponibles?- y que jamás fue noticia por sus escándalos amorosos. Descartado, entonces.
El cantante argentino romántico por excelencia es sin dudas Sandro. Sólo basta con ver a sus chicas esperando en la vereda que el gitano se asome a la ventana para entender que el señor tiene mantiene su encanto sobre la platea femenina. Sandro le canta al amor, por supuesto. Pero así como es el rey de la canción local, es el artista que mejor ha podido mantener su vida privada en el más absoluto misterio. Se conocen, sí, algunos rumores sobre relaciones pasadas y una larga convivencia. Ahora, casado y con serios problemas de salud, se sigue manteniendo tan lejos del escándalo como lo ha hecho toda su vida.
Con Diego Torres pasa algo extraño. ¿Es Diego Torres un cantante romántico? La discusión está abierta. Sin embargo, lo que no amerita ningún tipo de discusión es que el muchacho se ha podido mantener, también, ajeno a las portadas de las revistas del corazón por escándalos amorosos. Su largo romance a la distancia con la actriz colombiana Angie Cepeda y su actual relación con la modelo Débora Bello fueron tan formales como cuidados. Descartado, entonces, también.
A quien la maldición parece haberlo rozado es al romántico Sergio Denis. El eterno muchacho se venía manteniendo alejado de las escaramuzas mediáticas –aún cuando su vida sentimental no haya sido un remanso- hasta que una Melissa Durán se cruzó en su camino. La estudiante de actuación entró en 2006 a la casa de Gran Hermano gritándole a los cuatro vientos que era la novia del cantante. A las dos semanas, estaba a los besos con uno de sus compañeros. El escándalo, entonces, golpeó por primera vez a la puerta de Denis. Entonces, ¿califica?Comentarios a esta nota: 1
JUE 22 de mayo de 2008.3:02 | Buenos Aires: 15º C Azar | Registrarse espectáculosDime de que alardeas...
Y por casa... ¿Cómo andamos?: el exponente argentino
Sólo un cantante local parece haber sido rozado por la maldición. Los demás, ¿están inmunizados?
Ver Comentarios (1)
Por Mariano D'Andrea | 19.05.2008 | 13:45 Encontrar un cantante argentino que reúna las características de ser romántico en su vida profesional y atormentado en su vida pública no es una cuestión sencilla... En principio, Argentina parece no ser un gran semillero de afinados cantantes melódicos con proyección internacional. A eso se suma que aquellos que sí se atreven a cantarle al amor mantienen su vida privada muy lejos de las cámaras y los flashes.
Axel, por ejemplo, se atreve a cantar " te amo con orgullo de quererte porque para amarte yo he nacido " sin temor a resultar extremadamente cursi. No se atreve, sin embargo, a dar demasiados detalles sobre su vida privada. Es de esos cantantes que dicen estar eternamente solos -¿y disponibles?- y que jamás fue noticia por sus escándalos amorosos. Descartado, entonces.
El cantante argentino romántico por excelencia es sin dudas Sandro. Sólo basta con ver a sus chicas esperando en la vereda que el gitano se asome a la ventana para entender que el señor tiene mantiene su encanto sobre la platea femenina. Sandro le canta al amor, por supuesto. Pero así como es el rey de la canción local, es el artista que mejor ha podido mantener su vida privada en el más absoluto misterio. Se conocen, sí, algunos rumores sobre relaciones pasadas y una larga convivencia. Ahora, casado y con serios problemas de salud, se sigue manteniendo tan lejos del escándalo como lo ha hecho toda su vida.
Con Diego Torres pasa algo extraño. ¿Es Diego Torres un cantante romántico? La discusión está abierta. Sin embargo, lo que no amerita ningún tipo de discusión es que el muchacho se ha podido mantener, también, ajeno a las portadas de las revistas del corazón por escándalos amorosos. Su largo romance a la distancia con la actriz colombiana Angie Cepeda y su actual relación con la modelo Débora Bello fueron tan formales como cuidados. Descartado, entonces, también.
A quien la maldición parece haberlo rozado es al romántico Sergio Denis. El eterno muchacho se venía manteniendo alejado de las escaramuzas mediáticas –aún cuando su vida sentimental no haya sido un remanso- hasta que una Melissa Durán se cruzó en su camino. La estudiante de actuación entró en 2006 a la casa de Gran Hermano gritándole a los cuatro vientos que era la novia del cantante. A las dos semanas, estaba a los besos con uno de sus compañeros. El escándalo, entonces, golpeó por primera vez a la puerta de Denis. Entonces, ¿califica?Comentarios a esta nota: 1
martes, 13 de mayo de 2008
DIARIO LAS AMERICAS .COM (10/05/08)
Sandro sigue esperando transplante
Sandro, el gran artista argentino que impulsó el rock latino convirtiéndose en la estrella del momento en la década de los 70s sigue esperando un transplante de corazón y pulmón que le salve la vida.
A pesar de que muchos pensaban que el transplante se realizaría poco después de conocerse la gravedad de su estado de salud, el artista continúa en lista de espera, con tanque de oxígeno para poder darle vida a sus maltratados pulmones. Apenas a los 62 años este gran cantante sufre de los estragos provocados por el cigarrillo. Aparte de enfisema pulmonar, presenta problemas del miocardio desarrollados también como secuela de su afición al tabaco.
Los temas de Sandro, que incluyen “Rosa, Rosa”, “Una muchacha y una guitarra”, “Quiero llenarme de ti” se escuchan todavía en las emisoras de todo el continente. Asimismo, su legendario tema “:Mi amigo el Puma“, dedicado al cantante José Luis Rodríguez, es el tema de un comercial de un comercial televisivo que se trasmite en los Estados Unidos presentado por “El Puma”.
Guia de Conversacion: Diario Las Americas le da la bienvenida a tus pensamientos, historias e información relacionada a este articulo. Por favor mantegase dentro del tema y sea respetuosos con los demas miembros.
Sandro, el gran artista argentino que impulsó el rock latino convirtiéndose en la estrella del momento en la década de los 70s sigue esperando un transplante de corazón y pulmón que le salve la vida.
A pesar de que muchos pensaban que el transplante se realizaría poco después de conocerse la gravedad de su estado de salud, el artista continúa en lista de espera, con tanque de oxígeno para poder darle vida a sus maltratados pulmones. Apenas a los 62 años este gran cantante sufre de los estragos provocados por el cigarrillo. Aparte de enfisema pulmonar, presenta problemas del miocardio desarrollados también como secuela de su afición al tabaco.
Los temas de Sandro, que incluyen “Rosa, Rosa”, “Una muchacha y una guitarra”, “Quiero llenarme de ti” se escuchan todavía en las emisoras de todo el continente. Asimismo, su legendario tema “:Mi amigo el Puma“, dedicado al cantante José Luis Rodríguez, es el tema de un comercial de un comercial televisivo que se trasmite en los Estados Unidos presentado por “El Puma”.
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miércoles, 7 de mayo de 2008
Publicacion en INFOBAE ( Pero es un llamado de SANDRO a A TODO SANDRO ) Programa radial de radio cadena de Lanus
Sandro le pidió a Dios una chance más para cantar
Fue el ruego del popular cantante en declaraciones televisivas. En una charla distendida, habló sobre su delicado estado de salud, sus días en su casa de Banfield y su último sueño
En una charla distendida, Sandro se refirió a su estado de salud y lo definió como "la dulce espera", para luego agregar que en estos días "no me puedo mover de mi casa, tengo la valija lista para salir cuando me digan, cuando consigan los dos pulmones y el corazón que necesito".
Sin embargo, aclaró que "tienen que servir para mí. Me tomaron medidas como para un traje, necesito un traje con chaleco".
Sobre su situación afirmó: "Estoy con calma y paciencia también, un poco de tristeza y algo de depresión. Se sufre mucho porque no se puede hacer nada. Soy esclavo de un tubo de oxigeno. Donde voy tengo un carrito al lado mío. Tengo que estar siempre listo como los bomberos".
Señaló luego que "con el 10% de capacidad pulmonar, apenas pudo componer un poco porque si me muevo necesito oxigeno".
Acerca de su próximo cumpleaños, destacó en diálogo con Crónica TV que "hay que olvidarse. No se hace ni de casualidad. Sólo si estoy lo festejo con mi familia".
Para el final fue bien sincero: "Yo estoy en manos de Dios. Él usa a los médicos como instrumento. Sólo le pido que me de una sola chance para volver a cantar, una sola vez, sino mi vida no tiene sentido".
Fue el ruego del popular cantante en declaraciones televisivas. En una charla distendida, habló sobre su delicado estado de salud, sus días en su casa de Banfield y su último sueño
En una charla distendida, Sandro se refirió a su estado de salud y lo definió como "la dulce espera", para luego agregar que en estos días "no me puedo mover de mi casa, tengo la valija lista para salir cuando me digan, cuando consigan los dos pulmones y el corazón que necesito".
Sin embargo, aclaró que "tienen que servir para mí. Me tomaron medidas como para un traje, necesito un traje con chaleco".
Sobre su situación afirmó: "Estoy con calma y paciencia también, un poco de tristeza y algo de depresión. Se sufre mucho porque no se puede hacer nada. Soy esclavo de un tubo de oxigeno. Donde voy tengo un carrito al lado mío. Tengo que estar siempre listo como los bomberos".
Señaló luego que "con el 10% de capacidad pulmonar, apenas pudo componer un poco porque si me muevo necesito oxigeno".
Acerca de su próximo cumpleaños, destacó en diálogo con Crónica TV que "hay que olvidarse. No se hace ni de casualidad. Sólo si estoy lo festejo con mi familia".
Para el final fue bien sincero: "Yo estoy en manos de Dios. Él usa a los médicos como instrumento. Sólo le pido que me de una sola chance para volver a cantar, una sola vez, sino mi vida no tiene sentido".