"No quiero que me lloren cuando me vaya a la eternidad" cantaba con su briosa voz Sandro, "el Gitano", desde su épico tema "Una muchacha y una guitarra". Afortunadamente, todavía no llegó el tiempo de llorarlo (o no, como él mismo pedía), dado que a pesar de sus severos problemas de salud, que lo condujeron al quirófano a someterse a un transplante de pulmones y corazón, el cantante está recuperándose positivamente en el Hospital Italiano de Mendoza.
Nacido en 1945 en Buenos Aires, criado en Valentín Alsina, pero asociado eternamente al barrio de Banfield, Roberto Sánchez, tal su verdadero nombre, comenzó bien desde abajo una exitosa carrera artística, que incluyó, aparte de música, 16 recordadas películas.
Como la mayoría de los artistas locales, Sandro surgió en la escena de los '60 siendo un émulo de un ídolo popular extranjero. En su caso, se ganó el mote del Elvis Presley Criollo, por su peinado negro y su particular timbre vocal, que imitaba el tono grave y algo tartamudeante del Rey del Rock, aparte de duplicar los polémicos movimientos de cadera del norteamericano, que producían la histeria de la platea femenina.
Esta etapa rockera, sin embargo, se terminó en 1967 con su álbum Beat Latino. A partir de allí, Sandro cambió la campera de cuero por el smoking, dando comienzo a su época de cantante romántico, reforzando cada balada y bolero interpretado con ese vigor sexual tan propio del rock and roll, el cual no abandonó en su transición musical.
Y en esa sexualidad Sandro ponía el acento con sus letras. Sin vulgaridades, sin ser burdamente explícitas, el Gitano sabía cantar palabras y describir situaciones, que, sumadas a sus movimientos, erotizaban a una juventud femenina aburrida del recato exigido por la Iglesia Católica. "Trigo maduro hay en tu pelo, robó quizá la luz al sol. Yo soy el dueño de tu fruto, soy el molino de tu amor" lanzaba el artista desde el tema "Trigal", uno de sus grandes éxitos. Las fans, las llamadas "Nenas", continúan al día de hoy firmes ante la puerta de su mansión en Banfield, celebrando cada aniversario de su ídolo.
En 1970, fiel a su espíritu pionero, tuvo el honor de ser el primer artista latino en actuar a sala llena en el famoso estadio del Madison Square Garden, en Nueva York, llevando a cabo dos presentaciones, frente a más de 250.000 espectadores, siendo también la primera transmisión vía satélite de un cantante en la historia.
En la década abarcada desde 1970 a 1980, publicó 35 discos y protagonizó 12 películas, una faceta controversial de su desempeño artístico.
Pero es tarea inútil ponerse a criticar y/o juzgar la labor actoral de Sandro. Sus películas ingenuas, pasatistas y livianas, que hoy mueven a la carcajada más que a la ternura o emoción a la que aspiraban, nunca apuntaron al Oscar. Siguen siendo, simplemente, instantáneas de una época naif, inocente, en la que la juventud disfrutaba de ver a ese muchacho de cabellos negros y sensuales labios encontrar cualquier excusa para tomar una guitarra (la cual, increíblemente, emitía también sonidos de baterías, trompetas, bajos y teclados) y entonar sus letras cursis, aunque bastante más profundas y poéticas que las de varios de sus artistas contemporáneos. Ya sea en el rol de un espía, un gitano o un corredor de autos, el morocho siempre demostraba su valentía, su potente voz y una extraña tendencia a quedarse ciego luego de un trágico accidente (hecho que se convertiría en un clásico recurso dramático de los guiones argentinos).
Sandro nunca tuvo la pluma de Spinetta, la composición de Charly García ni la digitación de Pappo. Sin embargo, fue un pionero del rock en castellano, motivo por el cual es respetado dentro de todo el ambiente rockero nacional. Clara muestra de ello es su participación en "Tango 4", álbum de Charly García y Pedro Aznar, o el disco tributo "Sandro: un disco de rock", aparecido en 1999, donde bandas como A77aque, Divididos, Los Fabulosos Cadillacs y Bersuit Vergarabat, entre otros, acercaron a los jóvenes atractivas versiones modernas de las canciones que éstos últimos se cansaron de criticar a sus madres y tías.
Su vicio por el cigarrillo fue el desencadenante de la parte más triste de su vida. En 1998 le fue diagnosticado un enfisema pulmonar, lo cual lo llevó a suspender sus presentaciones en vivo. Sin embargo, su coraje escénico lo llevó a realizar, en 2001, uno de sus mejores shows, "El hombre de la rosa", asistido en el escenario por un tubo de oxígeno. Su última actuación en vivo se dio en 2004, luego de lo cual su salud llegó a tal punto de deterioro que la única solución la constituía un transplante de pulmones y de corazón, intervención que tuvo lugar el pasado 20 de noviembre y de la que se recupera favorablemente. Según el último parte médico, "el paciente Roberto Sánchez tuvo un despertar normal, está ubicado, reconoce a la gente, sabe dónde está y está íntegro neuronalmente", informó Miguel Nicolás, director del Hospital Italiano de Mendoza, donde el astro se encuentra internado.
Una enorme alegría para sus numerosas fans de toda Latinoamérica, quienes realizaron cadenas de oración frente al citado nosocomio en apoyo de su ídolo.
"Siempre cantando, siempre bailando, yo quisiera morir de cara al cielo sobre este suelo en el que nacì "
www.sandroeterno.blogspot.com
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