miércoles, 18 de abril de 2012

** Comienzan los preparativos para homenajear a SANDRO ***

¿Por qué un homenaje a Sandro?


Escribe: Darío Suárez (*)



Si nos referimos a los valores artísticos y humanos de Sandro, debemos tener en cuenta algunos factores que nos permitan ser objetivos, sobre todo aquellos que lo hemos admirado y querido a lo largo de su extensa trayectoria. Por ello, iremos destacando distintos aspectos que conformaron su personalidad. En primer lugar debemos destacar su origen humilde, único hijo de padres trabajadores y buenos vecinos en el barrio de Valentín Alsina, en el sur del Gran Buenos Aires.

Sandro nació en Argentina, lugar del que nunca renegó y por el contrario, trató de reivindicar en su larga carrera. Desde los 15 años y después de estudiar, trabajó y ayudó a sus padres como repartidor de vinos, primero, y en innumerables actividades después.

Ya iniciado en su carrera de cantante, escribió poesías y aprendió instrumentos de música, interpretando canciones en nuestro idioma, e inspiradas en el amor y la poesía romántica. Nos representó en distintos lugares en el mundo por unos 45 años de impecable carrera, tarea nada fácil en tiempos en que la vanidad y el éxito suelen hacer trastabillar a más de un artista.

Nunca protagonizó un escándalo mediático o fue objeto de alguna declaración ofensiva contra otra persona o nación hermana de las tantas que recorrió.

Contrariamente, siempre brilló por su generosidad, ayudando a otros artistas con su experiencia, integrándolos a participar de su éxito y llegando defender nuestras raíces como pocos, colocando muchas veces sobre el escenario en los que actuaba la insignia patria, instando a alentar a la unidad nacional y al respeto por nuestros símbolos patrios, valores muy vapuleados y casi perdidos. Paradójicamente, nunca se postuló a ningún cargo político a pesar de los tantos ofrecimientos que recibió, negándose a utilizar su figura pública y a especular con la confianza y el inmenso cariño ganado por la gente. Tampoco lograron seducirlo con fabulosas posibilidades para radicarse en otros países o invertir en otro lugar que no fuera su Argentina.

Sufrió los avatares económicos como cualquier ciudadano y fue atrapado por el famoso “corralito” sin esperar beneficio o ventaja alguna, lo que lo llevó a continuar creyendo y trabajando a pesar de su enfermedad para salir adelante, no endeudarse, mantener las fuentes de trabajo de sus empleados y continuar apostando a su querido país.

En agosto de 2009 la Cámara de Diputados bonaerenses aprobó un proyecto de ley que lo declaró ciudadano ilustre.

Actualmente el que pasa por la puerta de la que fuera su casa en Banfield, tanto argentinos como turistas que toman fotografías del lugar, podrán observar en lo alto de su paredón una bandera celeste y blanca como orgullo de tan preciada nacionalidad, amor que no sólo predicó, sino que como quedó demostrado, lo puso en práctica en su forma de vivir.

Quedó plasmada su solidaridad ante las confesiones indiscretas de algún amigo o desconocido, reconociendo y descubriendo su ayuda, circunstancia que lo enojaba al sacarlo del anonimato.

Desde su infancia conoció el dolor de las enfermedades de su madre Nina, quien debió soportar los inconvenientes de un reuma deformante, sumada a otras dolencias que la postraron la mayor parte de su existencia, Sandro la tuvo viviendo a su lado hasta el último día, y ante las requisitorias periodísticas sobre su devoción y amor para con ella solía repetir: “No existen hijos buenos, hay hijos… e hijos malos”, como resaltando su deber y obligación en el cuidado y el cariño dispensado.

Cada 19 de agosto fecha de su cumpleaños, las demostraciones de cariño llegan a reunir más de 2000 personas en la puerta de su casa, hecho inédito en nuestro terruño y que no se repite con ninguna otra figura del arte u otras disciplinas, motivo de noticia a nivel mundial de tan sorprendente hecho.

Sandro fue un gran artista y un buen ser humano, con virtudes y defectos como tantos de nosotros. No pretendemos que sea un ejemplo para tomar en su totalidad, simplemente podemos distinguir que el desacierto más criticado y conocido fue su debilidad por el cigarrillo, un error que tardíamente asumió y que lentamente fue terminando con su vida. A pesar de la gravedad y el estado agónico por el que estaba pasando, sus mensajes fueron siempre de esperanza y entrega a Dios, haciéndose un tiempo para advertir a los demás sobre los riesgos de tal adicción.

Tras su muerte y al momento de su velatorio, miles de personas que llegaron a conformar unas 15 cuadras de cola, pasaron a despedirlo por el Salón de los Pasos Perdidos en el Congreso de la Nación.

El día de su sepultura y tras un extenso recorrido desde el Congreso al cementerio, fue recibiendo aplausos y flores a su paso.

En definitiva, con la muerte de Sandro, hemos perdido físicamente a una de las figuras populares más significativas de la música argentina, pero además se ha marchado un referente humano importante, construido en los pilares de la ética, la honestidad, el respeto y el amor a los demás, valores innegables que están por encima de los gustos musicales de todos.



Junín y un monumento

Si hablamos de ciudades y pueblos de la provincia de Buenos Aires que se destacan por ser el epicentro de espectáculos por el que desfilan artistas nacionales e internacionales, Junín cuenta con un ganado prestigio que la destaca entre sus pares. Felizmente la ciudad siempre ha contado con empresarios y funcionarios de la cultura, que se interesaron para que sus habitantes y los residentes en la zona, pudieran gozar de manera periódica de obras teatrales, presentaciones literarias y charlas, espectáculos musicales y otros, teniendo como protagonistas a actores, escritores, expositores y cantantes de altísimo nivel.

Sandro no ha sido ajeno a esas visitas, y curiosamente cuenta con un récord de público en Junín, que ya lleva 40 años sin ser superado. Fue el 16 de agosto de 1970 en la Sociedad Rural, donde cantó para 35.000 personas. Desde ese día, y ante tremenda demostración de convocatoria, nació en el artista un cariño y una devoción muy especial para con esta ciudad.

Llegó a decir en más de un reportaje que era su “preferida” y que la consideraba una especie de talismán en el desarrollo de su carrera.

Más allá de lo anecdótico, Junín fue incorporada en el libreto de una de sus obras musicales, haciendo mención de su preferencia, gesto demostrativo y sincero, si hablamos de un artista con casi 45 años de trayectoria que visitó incontables ciudades de nuestro país y otras tantas en el mundo. El vínculo de respeto y cariño entre los juninenses y Sandro se fortifica con otra estadística que lidera sobre la visita de cualquier artista de su talla: desde sus comienzos hasta cerca del final de su camino estuvo en Junín 25 veces, visitas que le permitieron crear amistades y fortalecer más aún sus sentimientos con esta tierra.

Por esta maravillosa historia, creemos que muchos de los juninenses que hemos seguido su carrera y disfrutado de su música, tenemos una deuda a saldar con este digno representante artístico argentino.

Lamentablemente ya no está físicamente entre nosotros, pero sería muy importante regalarle un pedacito de nuestro suelo, donde su figura se vea exaltada, aunque sea en un frío pero significativo cemento.



(*) Biógrafo oficial de Sandro

Nota del diario  LA VERDAD de Junin

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