martes, 29 de abril de 2008

Se realizò la misma operaciòn que necesita SANDRO

La correntina que se realizó la operación que necesita sandro
Alejandrina Molina: vivir con corazón y pulmones nuevos
Se la realizó en 2005, tras cuatro años de espera. Su historia se recordó al conocerse que el cantante necesita el mismo transplante. Dura experiencia.
Aunque todos los pronósticos médicos son extremadamente negativos, Alejandrina Molina cree que a Sandro le va a ir muy bien. La mujer, correntina de 54 años, es una de las pocas personas que se realizó la rarísima operación de transplante cardiopulmonar que –según se supo recientemente– necesita el cantante para seguir viviendo.
La República y una revista de tirada nacional fueron hasta la casa de Alejandrina en la calle Coronel Zapiola, cerca de Combatientes Correntinos y encontró a una mujer muy creyente que contó su increíble historia con la imagen de la Virgen de Itatí entre sus manos.
Como está Sandro ahora, Alejandrina estuvo en lista de espera del Incucai (Instituto Nacional Central y Único Coordinador de Ablación e Implante) cuatro años antes de ser operada el 29 de abril de 2005, hace casi tres años. La mujer recuerda que “la espera es lo peor” y asegura que “es un momento malísimo” y por eso es condescendiente con el mítico cantante Roberto Sánchez, Sandro, a quien dice tenerle “muchísima” admiración.
“Las enfermedades respiratorias son horribles, uno debe estar con oxígeno a toda hora, de noche con un tubo, y de día con una mochila. No podés caminar porque te cansás”, relató.
Alejandrina durante su larga espera por el transplante, tuvo que mudarse a Buenos Aires porque, según ella misma contó, “los órganos no duran más de tres horas una vez dispuestos para el transplante”.
Explicó que durante el tiempo que esperó el corazón y los pulmones que necesitaba, debió cuidarse extremadamente con las comidas y los medicamentos constantemente, aunque no sepa cuándo van a llegar los órganos. Es más, nunca se sabe si van a llegar o no. Después de la intervención, el cuidado se extiende de por vida.
En los momentos previos a la operación, según comentó Alejandrina la desesperanza y el miedo invaden a los grupos que esperan órganos nuevos. “No es fácil”, dijo esta mujer de 53 años, que se nota y confiesa jovial, pero que en este tramo del relato no maquilló la seriedad de la experiencia. “Algunos pacientes no esperaban como nosotros, se murieron...”, explicó.
Ella cree, sin embargo, que la falta de fe, las falta de ganas de seguir viviendo son las causas de esas muertes y no las enfermedades o la espera. En cada una de sus palabras encuentra la forma de dejar su fe bien clara, y cree que a Sandro “le va a ir muy bien” por ser creyente. “Que tenga paciencia y que rece”, recomendó.
Un día mientras vivía en Buenos Aires su doctor la llamó y le dijo “en tres horas te quiero acá”. Llena de nervios, por la alegría dice ella, fue hasta el quirófano donde fue intervenida durante más de cuatro horas. “Me desperté al otro día y en el mismo momento me sentí curada”, aseguró, retomando su sonrisa.
Es que, sabe que tuvo mucha suerte o “una gran ayuda de Dios”, como prefiere decir ella. No es para menos, ya que tras la operación “estaba llena de aparatos”, estuvo 25 días internada y tuvo que hacer kinesiología.
Pero además, la operación que le practicaron es de las más raras que se realizan entre los transplantes. Hasta la semana 5.396 personas esperan por un órgano en la lista del Incucai. De ellas, 34 eran las que aguardaban por un transplante cardiopulmonar. Sólo 11 eran hombres y sólo uno pertenecía al grupo etario de pacientes entre los 60 y los 70 años de edad, que podría ser Sandro, aunque la lista no especifica nombre.
Alejandrina vivió por su fe, y mientras se reconoce ídola de Sandro, sentencia: “Si Dios dice que él va a vivir y vivió hasta ahora, es porque Dios quiere que viva. El órgano va a llegar”.

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