domingo, 6 de julio de 2008

Fans sobre el escenario

Es sabido que el fanatismo por un artista puede dar lugar a gritos histéricos y conductas desaforadas, pero, en algunos casos, el resultado de la admiración a una figura cae en las manos de alguien que, con originalidad y talento, produce una nueva creación. Ultimamente la cartelera porteña ofrece varios espectáculos que giran alrededor de un ídolo de la música, el cine o el teatro.

Mañana llegará al escenario de El Nacional un ciclo que agrupa dos reestrenos de este tipo: Ella y Quiero llenarme de ti . Rafaella Carrá y Sandro, respectivamente, son las figuras que inspiraron a dos grupos de jóvenes artistas que decidieron darle una vuelta de tuerca, tanto en lo teatral como en lo musical, a estos dos ídolos populares. Mientras tanto, en distintos espacios teatrales de la ciudad, se presentan espectáculos que rinden tributo a figuras tan disímiles como Atahualpa Yupanqui, Liza Minnelli y Gloria Swanson, entre otras.

Los motivos para hacer un espectáculo tributo son diversos. Van desde el fanatismo personal hasta la curiosidad por un fenómeno popular. Este último es el caso de Valeria Ambrosio, directora de Ella, que admite no ser fanática de la música de Raffaella Carrá y comenta que esta experiencia es muy distinta de la que vivió con Mina... che cosa sei? , ya que se trataba sobre una figura que admiraba como artista. "En cambio, con Raffaella lo que me fascina es lo que provocó, la movida que generó mágicamente y que no se entiende. Es el homenaje a ese efecto".

La relación de un ídolo con sus fans también fue el disparador de la obra Como blanca diosa . "En un punto es un homenaje a esas fans de Sandro y, en consecuencia, creo que es un homenaje a él, porque se lo valoriza mucho", comenta el autor de la obra, Daniel Dalmaroni.

Muy distinto es lo que les sucedió a los Pepper Top Singers, cuyo espectáculo ¿Donde está Liza? es fruto directo de un fanatismo total hacia Liza Minnelli. Por su parte, lo que llevó a Miriam Martino a realizar un tributo a Atahualpa Yupanqui, con Un deber, seguir cantando , que estrena mañana, fue la importancia que sus canciones han tenido en su vida. En cuanto a Virginia Kauffman, Diego Bros y Griselda Siciliani, la decisión de hacer un espectáculo sobre Sandro surgió del gusto de los tres por sus canciones.








A veces, la admiración viene desde la infancia. Eduardo Solá dice que quedó impactado cuando era chico y vio la película El ocaso de una estrella ( Sunset Boulevard ). Hoy se da el gusto de personificar a Gloria Swanson, considerada un ícono del cine, en Caviar Follies . En ese espectáculo también se rinde homenaje a otras estrellas, como Marilyn Monroe, Carmen Miranda y Edith Piaf.

Las formas para rendir tributo a las figuras admiradas son también muy variadas. En varios de estos espectáculos, los creadores buscaron darle una vuelta de tuerca para mostrar algo nuevo. Al tratarse, en su mayoría, de cantantes, el punto principal sobre el que trabajaron fue la música. Tanto en Ella como en Quiero llenarme de ti , Gaby Goldman fue el director musical encargado de hacer los arreglos de las populares canciones que aparecen en ambos espectáculos. Según comenta Ambrosio, el trabajo con Goldman comenzó por resignificar las canciones y sumarles más instrumentación y sonidos más actuales. En Quiero llenarme de ti , los tres creadores del espectáculo fueron proponiéndole al músico distintos cambios en los estilos de las canciones de Sandro. "Trabajamos sobre lo que nos pasa a nosotros con esas canciones, entonces se transforma en algo original. También quisimos trabajar sobre ese límite que tiene entre el exceso de pasión y que se va un poco al humor", explica Kauffman.

Los cambios en la música fueron también la principal apuesta en ¿ Donde está Liza? : "Convertimos canciones en otros estilos, agregamos instrumentación acorde con las coreografías que queríamos hacer y usamos las canciones en un contexto muy distinto del original, por ejemplo, un tema romántico para una escena ridícula", dice Alejandro Ibarra, director del musical.

A pesar de que todos sienten respeto por las figuras alrededor de las cuales giran sus espectáculos, el sentido de homenaje es distinto en cada caso. Algunos no se plantearon hacer un homenaje, sino que la atracción por un artista o lo que provoca los llevó a elegirlo. "Mi intención inicial no fue escribir un homenaje a Sandro, sino que fue un resultado posterior, pero que termina apareciendo muy claramente", dice Dalmaroni sobre su obra. Kauffman comenta que ellos tampoco pensaron en homenajear a Sandro: "Primero fue una inspiración, pero ahora cada vez que lo hacemos lo vivimos con tanta alegría y el público responde tan bien que sentimos que es un tributo". A pesar de ser fanáticos de Liza Minnelli, Ibarra cuenta que no pensaron el show como un tributo: "Simplemente tomamos el ícono que es Liza para divertirnos un poco, contar nuestra historia y cantar las canciones que nos gustan".

Es distinto el caso de Solá, para quien representar la escena final de El ocaso de una estrella es un homenaje puro. "Al ser un hombre vestido de mujer, causa gracia. Por eso lo hacemos con la mayor seriedad y respeto posibles, porque la imitación está muy cerca de la burla", explica Solá.

Sobre esta proliferación de homenajes, Ambrosio opina que tiene que ver con lo que se está viviendo hoy: "Estamos en un momento de transición que es caótico, y me parece que encaja esta vuelta al pasado. Se pide a gritos un renacimiento, algo nuevo que nos sorprenda. Pero como todavía no se nos ocurren esas ideas brillantes, tenemos que mirar para atrás".

Por María Fernanda Mugica
De la Redacción de LA NACION

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