Una comedia picaresca en tributo a Sandro
La disconformidad matrimonial a escena
Como blanca diosa , de Daniel Dalmaroni. Dirección: Hugo Urquijo. Con: Cecilia Dopazo, Graciela Dufau, Ricardo Talesnik y Néstor Caniglia. Escenografía y vestuario: Marta Albertinazzi. Sala: Teatro del Pueblo, Pte. Roque Sáenz Peña 943. Viernes, a las 21; domingos, a las 18. Duración: 75 minutos.
Nuestra opinión: buena
La propuesta que desde el texto ofrece Daniel Dalmaroni consiste en tratar de encontrarse de la forma más directa posible con el espectador. Los chistes construidos a tal fin encuentran inmediatamente un eco en la platea a través de la puesta en escena y la dirección de actores de Hugo Urquijo.
Más allá de toda pragmática de la recepción, uno podría llegar a sostener que la obra goza de ciertos elementos muy atractivos pero que en algún punto, en tanto totalidad, no termina de cerrar. Hacia el final, el texto ingresa en un nivel de delirio más que extremo y es ahí precisamente donde Dalmaroni sabe moverse con mayor soltura y eficacia. Pero lamentablemente tarda demasiado en llegar hasta ese punto. Es precisamente el momento en el que hacen su aparición discursiva en la escena los extraterrestres cuando el texto y los personajes cobran una nitidez deliciosa. Todo lo anterior queda ubicado en una especie de medio tono entre el grotesco y la referencialidad del realismo.
La historia nos lleva al interior de dos matrimonios de distintas edades que van a establecer, en el desarrollo del texto, algún tipo de cruce. No son swingers, no. Tampoco parejas abiertas. Son especies de seres disconformes con su propia realidad a la búsqueda de concejos que ayuden a modificarla. Milvia (Cecilia Dopazo) está casada con Washington (Néstor Caniglia), y debido a su disconformidad sexual se convertirá en la amante de Cliff (Ricardo Talesnik), que es el esposo de Ema (Graciela Dufau), quien tendrá la ilusión de que Washington esté enamorado de ella cuando dice amar a una mujer que no es su esposa.
Con esta apretadísima reseña argumental, puede verse que estamos frente a una comedia picaresca. Por lo tanto, los cruces deberían alcanzar un nivel de ritmo propio de un género tan exitoso como popular en nuestro país. Sin embargo, la aparición del fanatismo en torno a Sandro entorpece ese desarrollo, o lo demora demasiado. La primera larga escena entre Dufau y Dopazo consiste en poner en escena que Ema fue o es amante de Sandro, con quien tuvo una hija. Las largas explicaciones en torno a la vida del cantante y a la metodología de los encuentros se vuelven innecesarias al demorar el surgimiento del tan bien trabajado momento picaresco.
Urquijo inteligentemente decidió tomar distancia de los cuatro personajes y exponerlos en toda su ridiculización haciendo que los discursos moralizantes queden también ridiculizados. Los chistes logran lo que se proponen aunque se podría señalar que en algún momento rozan cierta zona desafortunada cuando se pone a una simple infidelidad al mismo nivel de la relación de un adulto con una menor de 15 años. Claro que el personaje que lo dice termina siendo cuestionado en el texto, pero la lógica sobre la que se asienta el chiste en tanto tal -ir disminuyendo la edad de la mujer para hablar de la bravura sexual del macho- es por lo menos misógina.
En lo que respecta a las actuaciones hay que decir que todas compiten por lograr el mejor resultado aunque no se entienda muy bien por qué Urquijo decidió darle al personaje que interpreta Cecilia Dopazo una voz y una gestualidad un tanto molesta.
La escenografía refuerza el vínculo con Sandro y con lo kitsch y dialoga muy armónicamente con el diseño de vestuario de Marta Albertinazzi.
Federico Irazábal
Fuente: Diario La Nación
Link: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1027780
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Saludos a todos desde México
Armando
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